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3/10/2013

Juan Domingo Perón: ¡ los archivos secretos !


Ninguno de los investigadores consultados por Infobae estaba al tanto de la aparición del archivo de Perón, pese a que la misma tuvo lugar hace más de dos años. Los enigmas que podrían revelar
El Gobierno no informó a nadie del hallazgo
Crédito foto: Archivo Perón
“Todo el archivo de Perón estaba y quedó en Puerta de Hierro, dijo la autora de Las mujeres de Perón, Araceli Bellotta. La casa queda cerrada, hasta con el cadáver de Evita adentro, que después fue traído durante la presidencia de Isabel. Luego (Mario)Rotundo le remata a la viuda de Perón todo: biblioteca, muebles, ropa”. Rotundo es un empresario de rara trayectoria que, aduciendo que el General le había confiado sus pertenencias, se apropió de ellas y protagonizó por ese hecho un largo litigio con Isabel.
Pese a ser la vicepresidente 1ª del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego –recientemente creado por Cristina Kirchner y presidido por Mario O’Donnell- Bellotta no fue informada de la ubicación del archivo. “En todo caso, cuando yo escribí mi libro no lo vi”.
El propio O’Donnell, titular del organismo, se notificó por la consulta de este diario: “No, no sé nada, no le puedo decir nada al respecto, pero agradezco la información porque el tema me interesa mucho”.
“Cuando Perón volvió la última vez, decidió que ese archivo y el cadáver de Evita se quedaban en Madrid. Cuando él muere, los ‘montos’ (montoneros) secuestran el cadáver de Aramburu y exigen la repatriación del cuerpo de Evita. Cuando se produce el golpe de Estado, el archivo desaparece”, nos dijo Román Lejtman, autor de una de los investigaciones más recientes y completas sobre el tema (Perón vuelve). Tampoco él había sido informado de la recuperación del archivo.
El año 1976 marcaría el comienzo del derrotero secreto del archivo del General(ver Un misterioso archivo de Perón es ocultado en despachos oficiales). Pese a que las autoridades del Archivo General de la Nación, donde ahora se encuentra depositado, confirmaron que lo tienen, falta explicar el porqué del hermetismo en torno a este hallazgo. En tiempos en que es frecuente la apelación a la epopeya histórica para el sostén del relato y del discurso político, no sorprendería que la intención hubiese sido reservar estos papeles para lecturas amigas.
“Cuando yo empecé la investigación para el libro, alguien en Casa de Gobierno me dijo que estaban detrás de ese archivo pero no me lo dejaron revisar, contó Lejtman. La verdad es que pensé que me estaba mintiendo. Ahora, se vienen los 40 años de la muerte de Perón (2014), no me sorprendería que busquen un impacto para esa fecha”.
Ni siquiera Víctor Laplace, flamante realizador de un film sobre Perón (Puerta de Hierro, el exilio de Perón), estaba al tanto del asunto. “No, no lo sabía y la película ya la hice”, respondió con humor. “Me gustaría ver esos documentos, por supuesto, y comparar la realidad con mi guión, me interesa mucho”, agregó.
Infobae pudo saber que en las cajas encontradas hay cartas de algunos dirigentes que aún viven, como por ejemplo, el ex diputado Lorenzo Pepe, que actualmente preside el Instituto Nacional Juan Perón. Pero no fue posible comunicarse con él para confirmarlo y saber si estaba al tanto de la presencia de esa documentación en el AGN.
Ceferino Reato, autor de dos investigaciones sobre hechos clave del pasado (Operación Traviata –asesinato de Rucci- y Operación Primicia –asalto a un regimiento en Formosa durante el gobierno de Isabel Perón), dijo que sabía “que Perón tenía un archivo pero no que se había tenido noticia del paradero”, ya que nunca, en el transcurso de sus investigaciones, le habían hablado de su aparición. “ Pensé que alguno podía tener algo, Isabelita por ejemplo, y alguna otra persona, pero no sabía que existía de manera sistemática”, agregó.
Una larga persecución
Esta historia es una secuela más de la larga persecución de que fue objeto Juan Domingo Perón y de las muchas interrupciones violentas del ciclo institucional argentino durante el siglo pasado. Luego del golpe de Estado que lo destituyó e interrumpió su segundo mandato presidencial en 1955, Perón emprendió el camino del exilio. Tras breves estadías en Paraguay, Panamá, Venezuela y República Dominicana, se instaló en España, en enero de 1961, en la localidad de Puerta de Hierro (alrededores de Madrid), hasta su regreso a la Argentina en 1973.
Hubo en esos años, un constante ir y venir entre Buenos Aires y Madrid: hombres, cartas, declaraciones y cintas grabadas fueron el vehículo mediante el cual el dirigente exiliado logró mantener su liderazgo sobre el movimiento que había creado.
Ordenado como buen militar de formación, cuesta creer que Perón no haya tenido un archivo sistematizado. Sin embargo, casi toda la correspondencia suya que se ha publicado, lo ha sido por iniciativa de quienes la recibían. La más famosa –y quizá la más completa serie- es la que mantuvo con John William Cooke, su primer delegado en el país.
 
El hallazgo de una decena de cajas conteniendo documentos, cartas, cintas y otros papeles privados reunidos por el General durante esos años clave del pasado relativamente reciente debería ser una buena noticia compartida por todos los argentinos.
Muchos episodios –e incluso algunos enigmas- de la historia del país podrían ser esclarecidos o analizados bajo una nueva luz gracias a este archivo. Por ejemplo: ¿hubo una negociación entre Perón y el general Pedro Eugenio Aramburu para poner fin al régimen de Onganía y acelerar la apertura democrática en el país? Muchos peronistas históricos así lo aseguran e incluso señalan a Ricardo Rojo, el autor -ya fallecido- de Mi amigo el Che, como gestor de un encuentro entre ambos generales. ¿Habrá en esas cajas correspondencia entre Perón y Rojo o incluso Aramburu? De confirmarse esta relación, obligaría a revisar la historia del surgimiento de Montoneros y las motivaciones detrás de la operación que los catapultó a la fama: el secuestro y asesinato de Aramburu.
¿Visitó secretamente el Che Guevara a Perón en Madrid para persuadirlo de instalarse en Cuba, en respuesta a la insistente invitación de Fidel Castro, sistemáticamente declinada por el líder argentino, que veía en ello el fin de su autonomía política?
Perón tuvo vínculos y muy posiblemente también correspondencia con otros grandes protagonistas de su tiempo: Charles De Gaulle, Gamal Abdel Nasser, Mao, el ya citado Castro, etcétera. Su formulación de la Tercera Posición lo había convertido en un líder de concepto mundial. Pero, del mismo modo que con algunas personalidades tuvo afinidad por compartir categorías comunes de observación del devenir de los acontecimientos mundiales, es también conocida la animadversión que despertó en otros, desde Churchill a Stalin.
 
Otros misterios que aún rodean la historia peronista, como el robo de las manos de Perón, podrían tal vez ser esclarecidos. Es proverbial la sagacidad de Perón durante su exilio para persuadir a todo núcleo de poder que pudiera obstaculizar su retorno al país de que éste sería en su beneficio, para más tarde decir, en un recordado discurso en la CGT en 1973: "Ellos creían que yo era uno de ellos, pero yo no era uno de ellos, yo era uno de los nuestros". Una actitud que pudo despertar el rencor de más de uno. ¿Habrá entre los papeles de Perón cartas que prefiguren un ánimo de venganza, o textos de advertencia y hasta amenaza?
Un período particularmente intenso fue el de la misión que Isabel, la tercera esposa de Perón, vino a cumplir a la Argentina en 1964. El objetivo del viaje –cumplido- fue poner fin al desafío del vandorismo al liderazgo del General exiliado. La correspondencia y los informes que Isabel le envió entonces desde el país están en esas cajas, según pudo saber Infobae.
Sería lamentable que la sombra de la manipulación dificultara una vez más, como ha sucedido muchas veces en el pasado, la reconstrucción de una memoria histórica que pertenece a todos los argentinos. 

    Un misterioso archivo de Perón es ocultado en despachos oficiales


    Fue robado en los años 70 de su residencia de Puerta de Hierro. Recuperado por el Gobierno, permanece oculto al público pese a su incalculable valor político e histórico. Infobae reconstruyó el derrotero de estos papeles ultrasensibles
    Un misterioso archivo de Perón es ocultado en despachos oficiales
    Todos oyeron hablar de él, pero nadie lo vio. Oficialmente al menos. Objeto deseado de historiadores, ensayistas y peronistas nostálgicos, el archivo atesorado personalmente por el General en su largo exilio madrileño y desaparecido en circunstancias que hasta ahroa se desconocían ha sido recuperado hace por lo menos dos años por las autoridades pero inexplicablemente el hallazgo fue mantenido en secreto. Esta es la historia.
    Poco después de la muerte de Perón, más concretamente, al momento de producirse el golpe de Estado de 1976, un comando de la Fuerza Aérea ingresó a la casa de Puerta de Hierro y robó los papeles privados del General. Eran 10 cajas que fueron ocultadas por el servicio de Inteligencia de ese cuerpo y que año a año fueron pasando de mano en mano por los diferentes jefes de Inteligencia y de Estado Mayor de la Fuerza Aérea.
    Así permanecieron bajo secreto hasta que Nilda Garré, designada ministra de Defensapor Néstor Kirchner y que estuvo al frente de esa cartera de 2005 a 2010, otorgó plenos poderes a tres de sus subordinados, entre ellos a Ileana Arduino, secretaria de Derechos Humanos en ese ministerio, para ingresar a cualquier dependencia de las Fuerzas Armadas con el fin de indagar sobre el eventual destino de personas desaparecidas durante el Proceso.
    Fue en ese contexto que el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, brigadier general Normando Constantino, les comunicó que, en algún lugar no precisado, el arma bajo su mando tenía guardadas 10 cajas con documentación perteneciente al general Perón.
    El material fue localizado y pasó a disposición de la ministra Garré, previa firma de un acta de entrega.
    Infobae puede confirmar que esas cajas conteniendo los papeles privados del hombre que desde el exilio incidió en el rumbo de la política argentina durante casi dos décadasestán desde hace más de un año depositadas en el Archivo General de la Nación(AGN). Pero el hecho de que hayan estado en manos del Gobierno desde bastante tiempo antes deja abierta una ventana de duda sobre lo que sucedió entre el momento de su recuperación y su depósito en el Archivo.

    Qué contiene el archivo y por qué nadie pudo verlo hasta ahora
    Considerando que Nilda Garré dejó el ministerio de Defensa en diciembre de 2010 para hacerse cargo de la cartera de Seguridad, la entrega del archivo debió producirse antes de esa fecha. El director del AGN, Juan Pablo Zabala, confirmó a Infobae la presencia de estas cajas en el organismo que dirige. Su contenido, dijo, está siendo analizado y procesado. Sin embargo, no pudo informar la fecha exacta desde la cual están bajo su custodia -"más de un año", dijo- ni dar una estimación de cuándo podrán ser consultadas por el público o, al menos, por historiadores y otros investigadores.
    En concreto, en algún momento entre el hallazgo y su depósito en el AGN, mientras las cajas se encontraban aún bajo la órbita de Garré, su contenido habría sido registrado y digitalizado para ser entregado a un periodista que estaría trabajando en la elaboración de un libro.
    Perón vivió en Madrid entre enero de 1961 y junio de 1973, fecha de su regreso definitivo al país. Durante esos años, pasaba 12 horas por día sentado frente a su máquina de escribir, respondiendo correspondencia y enviando instrucciones a sus seguidores: consignas, planes de lucha, recomendaciones, todo iba por carta y en algunos casos escrito en clave.
     
    Además, grababa cintas con mensajes y discursos que eran luego difundidas y escuchadas en la clandestinidad por los peronistas proscriptos en el país.
    Todo ese material estaba desaparecido. Hasta ahora. Las cajas depositadas en el archivo no sólo contienen esa correspondencia de Perón: también hay cartas de su secretario de entonces, José López Rega, más tarde ministro de Acción Social; losinformes que su tercera esposa, Isabel, le envió durante su viaje a la Argentina en el año 1964; papeles de la masonería y cintas grabadas por el General, entre otros documentos. Y, algo por demás interesante, el libro de claves que Perón usaba para encriptar la información más sensible.
    Como se dijo, la noticia de este hallazgo fue mantenida en secretoInfobae consultó a varios investigadores y especialistas de la historia peronista y ninguno de ellos fue notificado del hecho [ver nota relacionada] .
    Para explicar esta demora y reserva, otra funcionaria del Archivo, la profesora Sidersky, dijo a Infobae que las cajas contienen correspondencia de “personas que están vivas” y que por lo tanto puede haber un conflicto de intereses entre el deber de poner a disposición de todos los ciudadanos una documentación que es de utilidad pública y el derecho a preservar la intimidad.
    Esto no alcanza para explicar algo curioso: por qué un hallazgo de incalculable valor histórico y político como éste les fue ocultado a los argentinos. Aunque se puede decir que hoy el archivo está donde debe estar, resta esclarecer por qué todavía no se dio a conocer una noticia tan extraordinaria como es la recuperación del archivo personal de Perón de Puerta de Hierro. Y, más importante aún, por qué el procesamiento de su contenido se está haciendo en forma opaca y sin la debida supervisión de expertos independientes.
    Detalle no menor, que arrojará una mancha de sospecha definitiva sobre la posiblemanipulación de papeles que son acervo cultural y patrimonio de todos los argentinos.

    6/19/2011

    Historia Contemporánea: Polémica ¿ Perón y la Triple A ?


    Desde el blog Alternativas de un Cambio se analiza y responde a una interesantísima polémica sobre el origen de la Triple A; tema tabú para los peronistas, pero que insoslayablemente deberemos asumir y llegar al fondo del asunto para el bien de la historia y nuestra sociedad. Acá esta la respuesta del compañero: 


    LAS REDES SOCIALES Y LA FALSEDAD HISTORICA

    LA VIOLENCIA

    Vi un Tweet que con violencia un twitero le contestaba a Marcelo Parrilli algo que Feinman o como se llame comparten: Perón fue el gestor de la Triple A. Para la historia puede que este discurso oficial quede así, más, siendo este gobierno Pro montonero, Far, FAP y otras guerrillas de todo tipo, la triple A es algo que bue…, no soy juez de la historia.

    Pero repasemos como fue la cosa. Siendo Perón presidente, busco combatir la guerrilla dentro de la ley. Luego de la toma del cuartel de Azul por parte del ERP ya se repitió varias veces esto en el blog Perón no quiso intervenir la provincia pero le costo a los Montoneros su presencia en la misma con la renuncia de Bidegain y de Manuel Urriza. Muchas de las posibles comisiones de delitos de lesa humanidad que pudieran ser juzgados son por haber sido cometidos durante ese periodo. Muchos de ellos estaban amparados desde esa provincia. Eso jamás se investigo o se paso al olvido, pero yo no soy juez, ni tengo personas fallecidas por acciones de la guerrilla en ese periodo o posterior. Por lo tanto la única molestia que tengo es el desequilibrio con falsificación de la historia que esta gente hace sobre los acontecimientos. Ante el vacío legal, Perón manda al congreso para que se apruebe una ley y en ambas cámaras se aprueba una figura penal, que luego seria raudamente modificada y que llega hasta nuestros días, que es la de asociación ilícita, muy difícil de aplicar hoy día, pero fácil para el caso del accionar de la guerrilla. Los diputados nacionales que respondía a Montoneros piden una audiencia a Perón para quejarse, porque ya tenían decidido pasar a la clandestinidad, y hacer sus operaciones como la del ataque al cuartel de Formosa, o había cometido asesinatos como el de Rucci, durante el gobierno en donde estaban en la provincia de Buenos Aires de Bidegain mayoritariamente y Abal Medina Padre era Secretario General del PJ. Los Montoneros no querían que eso fuera aprobado, Perón quería combatir a la guerrilla con la ley. Los primeros que quisieron frustrar fueron ellos y fue justamente Eduardo Duhalde el Ministro de Derechos Humanos uno de los Diputados que se rebelo ante ello y se retiro del bloque de Diputados Nacionales en disconformidad.



    Lo que queda claro, que Perón quería combatir a la guerrilla tanto rural como urbana dentro de la ley. Lo que quisieron los montoneros fue que no hubiera ley, así como el ERP y todas las organizaciones guerrilleras, como si supieran el porvenir.

    Con la misma severidad de Marcelo Parrilli y muerto ya Perón, por el principio de acción y reacción los que implementaron la Triple A fueron ellos mismos a no detener su accionar, lo que justificaron a algunos a actuar en defensa propia y a otros a usar ese disfraz para cometer tropelías.



    Al que quería usar la violencia para defender a Perón era como darle la razón a Marcelo Parrilli. Pero la verdad es, que si no fuera por la violencia que ellos generaron, el clima de caos social que las acciones guerrilleras y el temor en la sociedad la Triple A, quizás no hubiera existido. Por lo tanto en esto de la dialéctica solo pudo haber Triple A porque hubo guerrilla, no porque era una idea de Perón combatirla con ella. La guerrilla con sus modos y maneras genero los anticuerpos, como una vacuna social, que resulto ser un fallido que condujo al desastre de la dictadura militar. Parrilli, debe también hacerse cargo de la violencia de esa época. Los idealistas que le sacaron 62.000.000 de dólares a Born en un secuestro, no se la puede creer Ud. Los que apretaban a Gelbard y usaban a Graiver para hacer inversiones no eran tan solo jóvenes idealistas. Disculpe, Parrilli, Marcelo, UD, parece que se pierde parte de la historia. Y no porque ellos debían matar. Uds. los que defiende, tampoco debían haber hecho eso.

    4/09/2011

    VICENTE DAMASCO Y EL MODELO ARGENTINO PARA EL PROYECTO NACIONAL.


    El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional es la obra póstuma de Juan Domingo Perón. Escrita en 1974 (es decir, hace de treinta años), en los meses previos a su desaparición física, sintetiza, por lo tanto la última actualización de su pensamiento y de su doctrina.

    Sin embargo, a pesar de esta condición, que debería colocarla en un lugar privilegiado en el conjunto de su vasta obra, es factible sostener que es poco conocida y que la historia de su elaboración y, sobre todo, la de su posterior difusión, está plagada de matices singulares y sugerentes.
    Baste, para comprenderlo, mencionar sólo un par de referencias. El Modelo argentino fue presentado oficialmente por Perón en su discurso ante la Asamblea Legislativa del 1° de mayo; puesto en conocimiento del Gabinete Nacional el 31 de ese mismo mes (con amplia repercusión en los medios) y anunciada públicamente su inminente publicación masiva (inclusive con traducciones a varios idiomas) a principios de junio.


    Sin embargo, tras producirse al mes siguiente la desaparición del tres veces presidente constitucional de los argentinos, un inexplicable manto de olvido fue cayendo sobre el documento que, a pesar de que continuara en el gobierno una gestión del mismo signo partidario, la de María Estela Martínez de Perón, debería esperar 25 años para ser objeto de una edición oficial.

    Mientras tanto, recién desde principios de 1976 la obra comenzó a ser objeto de ediciones rudimentarias concretadas al impulso militante de sus seguidores y, en algunos casos, de emprendimientos particulares semi comerciales.

    La gestación de la obra tuvo un tiempo y un lugar concreto de inicio: enero de 1974 en los jardines de la quinta presidencial de Olivos. Y fue producto de un trabajo colectivo. Detrás del Modelo Argentino hay un personaje que es esencial para entender su realización: el coronel Vicente Damasco. Fue el hombre que eligió Perón para poner en marcha la producción del documento que se transformaría en su legado.

    Damasco conoció a Perón el día en que el General regresó definitivamente a la Argentina. Era jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo (la escolta presidencial), designado por Héctor J. Cámpora y permanecería en el cargo durante el interinato de Lastiri.

    Durante sus conversaciones, inicialmente en la residencia de Gaspar Campos y, luego, en la quinta de Olivos, fue donde Perón y Damasco dieron inicio a una sólida amistad, sustentada en la creciente confianza que el General comenzó a depositar en su interlocutor.

    Cuando, a fines de 1973, llegó el momento en que a Damasco se le iba a asignar otro destino militar, Perón, ya en ejercicio de su tercer mandato presidencial, quiso retenerlo a su lado y lo designó Secretario Militar de la Presidencia de la Nación. Paralelamente comenzó a reclamarle que se involucrara más en los temas políticos y a encargarle tareas que excedían las establecidas para su función. Para cumplimentarlas, el Coronel convocó un par de hombres, civiles, de su confianza y, en esos menesteres, en algún momento entre octubre y diciembre del año 1973, nació la idea de darle forma a un Proyecto Nacional.

    Uno de los convocados por Damasco (quien, además de sus aptitudes castrenses evidenciaba una singular capacidad como metodólogo y desarrollaba una intensa carrera docente en ámbitos civiles y militares) fue el doctor Ángel Monti, cuya "especialidad" quedaba plasmada en el título de un ensayo que había escrito entre 1969 y 1970: Proyecto Nacional. Razón y Diseño.

    En primera instancia, este pequeño equipo comenzó a planificar una gran reforma administrativa del Estado. Pero Perón fue orientando las charlas que mantenían en aquel riguroso verano del 73/74 en los jardines de la quinta de Olivos (donde Damasco y sus colaboradores tuvieron inicialmente su lugar de trabajo) hacia la elaboración de un documento que contuviera las grandes ideas que serían la base de Modelo Argentino para el proyecto nacional.

    Muy poco tiempo después, el 15 de febrero, Perón creó la Secretaría de Gobierno y designó al Coronel, que seguía en actividad en las filas del Ejército, al frente del organismo (con retención del cargo de Secretario Militar), y a Monti, como subsecretario, y le impuso por escrito como tarea primordial la redacción del Modelo argentino.

    En el contexto de una Argentina a la que quería y necesitaba pacificar, pero que se desangraba en medio de enfrentamientos internos, y frente a los permanentes obstáculos que demoraban el tránsito hacia una sociedad más justa, Perón impulsó la realización de una especie de testamento centrado en el tema de la unidad nacional, su principal obsesión en la última etapa de su vida.

    El Modelo argentino debía ser una propuesta concreta para alcanzarla. Con palabras sencillas y con profunda convicción, era el tiempo de señalar con claridad que para un argentino no debía haber nada mejor que otro argentino (que es la idea central que recorre e impulsa al documento póstumo de Perón).

    A partir de los últimos días de febrero, un grupo de diez o doce intelectuales, convocados por Damasco, comenzó a trabajar en la Secretaria de Gobierno con el objetivo de concretar la orden de Perón. El doctor Monti fue el coordinador de la tarea, quien recibía el aporte de los asesores y procedía a la redacción de la síntesis final. Damasco le llevaba periódicamente los originales al General, quien le hacía las correcciones que consideraba necesarias.

    Finalmente, el 31 de marzo, en una reunión que tuvo lugar en la quinta presidencial, fue presentado y expuesto ante Perón el contenido completo del documento.

    Tras el discurso del presidente de la Nación presentando y anunciando el Modelo argentino ante la Asamblea Legislativa, los sucesos producidos por la tarde en la Plaza de Mayo (su enfrentamiento con los sectores de la juventud de la "tendencia revolucionaria") y la permanente y silenciosa obstaculización al pacto social por parte de una dirigencia sindical y empresarial que no podía (ni quería) controlar a sus bases, exhibían ante la mirada del viejo General las serias dificultades que trababan el camino hacia la unidad nacional.

    Perón, con su salud ya mellada, redobló entonces sus esfuerzos e intensificó su voluntad de terminar el Modelo argentino. Lo presentó ante su gabinete de ministros el 31 de mayo y le hizo entrega a cada de sus integrantes de una copia del documento que, todavía inédito, comenzó a circular fotocopiado en los ámbitos cercanos al poder. Se anunció entonces que, en veinte días, iba a ser masivamente publicado para que todos los argentinos lo conocieran y pudieran debatirlo. Ésa era la idea y el deseo de Perón. Tenía que crearse un Consejo para el Proyecto Nacional donde se elaborase un modelo de país que nos contuviera a todos. El Modelo argentino del General era, así lo definía él, una modesta contribución para ello.

    En el momento en que todo eso debía concretarse, la salud de Perón se deterioró definitivamente y falleció el 1° de julio. Y aunque Damasco siguió ocupando el cargo de secretario de Gobierno durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, nada de lo anunciado se cumplió: el Modelo no se editó y, durante un año, poco y nada se volvió a hablar de él.

    Es que el Modelo tenía sus opositores. Su principal enemigo, dentro del mismo gobierno, fue José López Rega, la ominosa sombra de Perón. Cuenta el periodista Heriberto Kahn (en su libro póstumo Doy fe) que Damasco se había quejado ante el General de que "López Rega le había colocado micrófonos en su despacho de la Casa de Gobierno con el objeto de grabar sus conversaciones".

    Fallecido el General, su sola presencia como "hombre fuerte" del gobierno de María Estela Martínez de Perón fue la que impidió sistemáticamente la edición del Modelo argentino, documento del que siempre quiso "apropiarse" sin poder lograrlo.

    Esta nefasta influencia quedó claramente evidenciada por el hecho de que, cuando en julio de 1975, López Rega debió abandonar el gobierno -al quebrarse, "rodrigazo" mediante, la alianza con la dirigencia de entonces de las "62" y de la CGT que le había permitido consolidarse en el poder- y es virtualmente expulsado del país, la presidente convocó al coronel Damasco como ministro del Interior.

    El Coronel asumió el cargo con la convicción de que había llegado la hora del proyecto nacional y, en la primera reunión del nuevo gabinete, distribuyó nuevamente carpetas que contenían el documento de Perón como ayuda memoria para diseñar las acciones de gobierno. Pero esa ilusión sería efímera. En las sombras operaban otros enemigos del proyecto nacional. Sectores retrógrados del Ejército, amparándose hipócritamente en que se oponían a la presencia de Damasco como ministro del Interior por su condición de militar en actividad, comienzan un proceso desestabilizador que culminará, precisamente, con el "proceso de reorganización nacional" (los generales "profesionalistas" eran Videla, Viola, Delía Larroca, Suárez Mason y Urricarriet, cuyos nombres eximen de todo otro comentario). Primero caerá el comandante en jefe del Ejército, el general Numa Laplane (reemplazado por Videla) y después, en medio del encarnizado enfrentamiento interno entre "verticalistas" y "antiverticalistas", Damasco quien, al verse obligado a renunciar al cargo apenas un mes después de haberlo asumido, se lleva consigo todo el material relacionado con el Modelo argentino para el proyecto nacional, transformándose así en su exclusivo depositario.
    A pesar de que el coronel Vicente Damasco conservó celosamente en custodia esos originales, a la espera de un tiempo propicio para darlos a conocer (que no habría de llegar), a partir de las fotocopias de aquellas carpetas que habían sido presentadas ante el gabinete de ministros por Perón primero y por Damasco después, el documento póstumo de Perón inició su lenta e irregular difusión.

    En ediciones rústicas (hasta hoy hay quince registradas, una sola oficial realizada en 1999), poco rigurosas la mayoría de ellas, con notorias variantes en la redacción entre sí (originadas en la ausencia de un original "canonizado" y en la posible existencia de "carpetas" con diferencias entre sí), copiadas unas a otras a partir de las primeras aparecidas en febrero y marzo de 1976 (sólo uno de sus editores posteriores tendrá una reproducción de las carpetas a la vista), el legado de Perón, su auténtico testamento político, pudo llegar, a lo largo de estas tres décadas, a la mano de sus originales destinatarios: los argentinos.

    12/04/2010

    TRECE AÑOS DE EXILIO (Entrevista a Juan Domingo Perón - Por Alberto Agostinelli. – 1968)


     Cumplidos trece años en el exilio, el ex presidente comienza a ser un misterio, un ente nebuloso para las jóvenes generaciones de argentinos. Para desentrañarlo, un redactor de Siete Días (Alberto Agostinelli) tuvo acceso a su refugio en la Puerta de Hierro: por primera vez Perón concede una entrevista basada en el exclusivo propósito de trazar un cuadro de su vida doméstica. El informe que sigue es el resultado de esa inspección: Perón habla de sus gustos, su conversión a la filosofía yoga, su estrategia para mantenerse lozano y dicharachero a los 73 años. Por supuesto, opina sobre Juan Carlos Onganía, las Fuerzas Armadas, los sindicatos y su propio papel en el proceso político nacional.(fuente: rincón peronista)


    Muchos argentinos suponen que Perón habita un palacete descomunal en la mejor zona de Madrid y que dedica la mayor parte del día a contabilizar las ganancias que le brindan sus inconfesables negocios. Algo de eso es cierto. La hectárea que abarca su residencia limita con la del embajador de Japón y con los dominios de dos millonarios españoles. A pocos metros de su quinta corre la carretera que conduce a El Pardo, donde consume sus días el otoñal caudillo Francisco Franco."La zona es aristocrática, no lo voy a negar -reconoce el general-. Pero mi casa no tiene nada que ver con todo esto: es más modesta que la que poseen muchos industriales argentinos de medio pelo en Florida, Martínez o La Lucila. Cualquiera puede comprobar con sus propios ojos que no me estoy haciendo el farolero”.

    Para certificar su afirmación, Perón recorre la planta baja del chalet. "Está es mi base de operaciones: un escritorio chiquito y austero, cuyo único detalle fastuoso parecería ser esta pared de madera. Pero no se ilusione y observe -presiona con su mano la superficie y la pared se comba-. La hice construir con una laminita de aglomerado. Picardía criolla: poca plata y mucha pinta...".

    Un pequeño living, un comedor y un salón completan el escenario de recepciones donde el general recibe a sus visitantes, "cuando éstos vienen en tropel", como él mismo especifica. La planta baja comprende, además, una cocina sencilla, una habitación para la cocinera y otra para dos domésticas (las tres españolas).

    "Como puede advertirse -acota Perón con una sonrisa-, es una casa justicialista del portón al balcón, del balcón al sillón... como diría esa chica María Elena Walsh; la misma que grabó el tango “el 45”. Ese que dice: “¿Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos, cuando el que te dije salía al balcón? ¡Qué bárbaros!

    Comenzaron a meterme hasta en la música pop...".

    El general festeja ruidosamente cada una de sus humoradas. La risa es uno de los ingredientes que mejor dosifica en el diálogo: no transcurren más de tres minutos sin que, por una razón u otra, no sonría o suelte una de sus sonoras carcajadas. Si no tropieza con la situación o con la broma que justifiquen su hilaridad, las inventa.

    La planta alta del chalet comprende tres pequeñas suites, un dormitorio, vestuario y baño. "Una la ocupo yo, otra mi señora y la tercera está reservada a huéspedes circunstanciales -detalla-. Como podrá sospechar, está siempre ocupada: los argentinos no me dejan vivir en paz".

    Cuando Perón insiste en afirmar que su residencia no posee más de lo indispensable, que no tiene tesoros ocultos y que no se vale de esa circunstancia para jugar un rol de "espartano o jesuita", no exagera.

    Cualquier argentino que visite su residencia experimentará una extraña sensación: le resultará demasiado modesta para servir de refugio a un presidente que, según coinciden las versiones más controvertidas, no huyó de la Argentina con los bolsillos vacíos.

    Es más: hay quienes se preguntan si no estarán agotadas las arcas del general.

    Algunos acreditados periodistas españoles ensayaron una interpretación bastante plausible del problema: "Perón no tiene libertad económica -manifestó a Siete Días uno de los directivos de Nuevo Diario, de Madrid-. Jorge Antonio le suministra mensualmente una suerte de sueldo o pensión con lo que el general hace frente a sus necesidades de ese período".

    Un periodista del difundido ABC amplió el panorama: "En Madrid se comenta que Perón es copropietario de las gigantescas Galerías Preciado, un supermarket de la capital. Su socia, se dice, sería la esposa de Franco. Es un rumor tan absurdo como sospechar que el ex presidente argentino ha montado una fábrica de perfumes con De Gaulle.

    La única propiedad del general, además de su residencia, es el hotel El Pez Espada, de Torremolinos, una zona que, en los últimos años, se convirtió en el boom turístico de España. Pero también ese hotel es administrado por Jorge Antonio. Un personaje indefinido que controla cada segundo de la vida del general".

    El general, por su parte, no se esfuerza demasiado en desmentir o discutir las hipótesis urdidas en torno a su solidez financiera. Se considera "feliz" en la situación en que se encuentra, rodeado por cinco personas que atienden cada uno de sus reclamos, junto a sus infaltables perritas caniche (Puchi y Kimona) y a los veinte canarios que, desde el jaulón ubicado en la cocina, alborotan la mansión. Cuando alguien que recorrió toda la residencia termina el circuito preguntándole a Juan Perón cuántas obras de arte existen en la casa, el general no vacila en responder: "Una sola, yo...".

    LOS DÍAS DEL GENERAL

    Todas las mañanas, desde hace varios años, una silueta solitaria transita las callejuelas de Puerta de Hierro. Camina, trota, pega saltitos y hace gimnasia como un boxeador que se adiestra para un combate decisivo.

    En un comienzo, los habitantes de la zona (poco dispuestos a madrugar) se alarmaron por la exótica manía del intruso. Pero, poco a poco, fueron perdiendo el temor y terminaron por acostumbrarse a sus atléticas incursiones. El tesonero gimnasta se llama Juan Perón y de esa manera inaugura cada uno de sus días en España.

    "Toda mi vida he sostenido que el sol ha sido creado para servir de despertador a la humanidad -profetiza-. Los que viven por aquí no me hacen caso, pero yo insisto. Durante el verano, me levanto a las cinco; en invierno, a las siete. Desayuno, como todo buen mortal, y salgo a hacer footing. Cuando estoy en Puerta de Hierro acostumbro recorrer alrededor de cinco kilómetros. Cuando me voy de paseo a otra ciudad (Málaga, generalmente) para que los argentinos me dejen unas horas tranquilo, camino un poco más: de ocho a nueve kilómetros".

    En todo ese trayecto J.P. piensa. Asegura que la caminata aclara notablemente sus ideas. Durante la hora y media que suele insumir esa práctica matinal, el general complementa el esfuerzo físico con saludables ejercicios respiratorios."Conozco a fondo todos los secretos del footing, pues he sido profesor de gimnasia durante mucho tiempo", recuerda.

    A las siete o a las nueve de la mañana, según la estación, Perón vuelve a casa. No siempre lo hace solo. Por más encumbrados que sean los extranjeros que lo visitan a la hora de su caminata, el general no la interrumpe. Por el contrario, se lleva al huésped -sea quien fuere- a recorrer el circuito. Perón, como césar, puede realizar varias cosas simultáneamente: trotar y conversar, saltar y discutir, caminar y contar chistes.

    No todos los atribulados visitantes que lo acompañaron por las calles de Puerta de Hierro soportaron con estoicidad la experiencia. Diego Ventura, un reportero español que lo visitó hace unos meses y que soportó un footing forzoso, necesitó 10 minutos de reposo antes de comenzar a fotografiar al general.

    Luego de la caminata, J.P. se administra cinco o seis mates amargos para comenzar a trabajar con buena disposición. "Comenzar a trabajar equivale a sentarme al escritorio -advierte-. Cinco de los siete días de la semana debo aplazar mis obligaciones para recibir a los argentinos. Ayer, por ejemplo, vinieron a verme más de cien personas. Si la cosa sigue así tendré que recurrir a las audiencias públicas, como el Vaticano...".

    Los salvoconductos más efectivos para entrevistar a Perón suelen tramitarse en una lujosa mansión de la avenida Castellana, en Madrid, donde tiene su oficina Jorge Antonio. También dieron buenos resultados las cartas de presentación que hasta el pasado 20 de noviembre (día de su muerte) firmaba Jerónimo Remorino, delegado personal del general en la Argentina.

    "Hay un tipo particular de visitante que me causa gracia -comenta Perón-. Luego que mi secretario, José López Rega, les informa que no tengo tiempo para recibirlos, se toman la cabeza y recitan un versito que conozco de memoria: “¡Pero es una barbaridad!”, protestan. Dicen haber viajado 15 mil kilómetros para verme, que patatín y que patatán. López Rega me transmite la queja y yo le pido que averigüe concretamente cuál es la razón de la razón de la visita.

    Habitualmente, aseguran que desean conversan conmigo para aclarar tal o cual punto de vista ideológico... ¡Mentira! Esos no se gastan tanta plata por razones de compromiso histórico: hacen turismo, y de paso... cañazo. No vienen a verme a mí, vienen a ver al ‘fenómeno’".

    HORMONAS PARA EL GENERAL

    López Rega, además de secretario, hace las veces de maître personal de J.P. Él es quien le anuncia que "el bifecito se pasa" cuando los visitantes se empeñan en llevar la entrevista más allá del mediodía.

    Los almuerzos de Perón son, generalmente, bastante frugales: "Carne asada, ensaladas, verduras... En fin, un menú que no altere su presión normal", informa López Rega.

    La dieta tampoco debe conspirar contra el sueño del general: la siesta es, para Perón, una obligación casi litúrgica. "Es verdad -reconoce el líder-. Tengo la costumbre de dormir una hora todas las tardes, pero me gusta hacer del día dos mañanas. Cuando me levanto, siempre tengo algo que hacer aquí o afuera. Como dicen los médicos, un trabajo endógeno y otro exógeno...".

    Entre los trabajos endógenos de J.P. gozan de prioridad las clases de esgrima que le prodiga a Isabel Martínez, su esposa. "Son sesiones breves, de una hora de duración -aclara-. Isabel ha progresado notablemente en los últimos tiempos. También practico esquí y equitación, pero en dosis reducidas. Sigo al pie de la letra de un gerontólogo chileno amigo mío: “No realice ningún esfuerzo físico que le provoque dolores al día siguiente”, me dijo hace algún tiempo.

    Como podrá imaginar tuve que renunciar a muchas pasiones juveniles “... Es difícil olvidar que uno ha sido boxeador, futbolista, rugbier, polista, jugador de básquet y maestro esquiador. De todas maneras, reconozco que esa experiencia me permite sobrellevar mis años de un modo bastante envidiable".

    Perón no bromea cuando se refiere a su buena salud. A los 73 años, no sólo conserva una claridad intelectual sorprendente y un buen humor inagotable, sino que, además, su aspecto físico corresponde perfectamente al de un hombre 15 años más joven. "Mi receta es muy simple -confiesa-. Ciento cinco miligramos de hormona de potro todas las semanas. Yo no me tiño el cabello, ¿Sabe usted? Esa fórmula sirve para todo...".

    J.P. asegura que jamás concurre al consultorio de su médico, el doctor madrileño Florez Tascón. "Es él quien viene a visitarme de tanto en tanto. Se toma unos mates, conversa, y de paso me controla la presión. Cuando comprueba que está un poco alta, eleva la cifra para que yo me asuste... Me hago el asustado y él me receta unos remedios. Yo acepto lo que dice: el hombre es médico y tiene que vivir de su profesión. Voy a la botica y compro los medicamentos, porque el farmacéutico tiene que vivir de eso. Cuando llego a casa tiro los paquetes a la basura, porque yo también tengo que vivir, ¡Qué embromar! ... Con este método he conseguido algo que me hace recordar aquellos viejos colectivos que circulaban por la avenida Rivadavia de Buenos Aires, en mis años mozos. Eran unos trastos viejísimos que echaban humo por el radiador, producían un ruido espeluznante al caminar, se sacudían para todos lados y, cuando frenaban, podía oírse una sinfonía horripilante. Esos colectivos llevaban, en la parte delantera, un cartel que advertía: “Hasta Corro”. A mí me pasa lo mismo".

    Las pocas tardes que el general no debe atender visitas, aprovecha para pasear por las calles de Madrid. Llama a sus dos guardaespaldas ("que ya son justicialistas", bromea), aborda su Mercedes Benz 300 S ("Un coche barato en España", aclara) y se dirige hacia alguna de las confiterías California, en el centro de la ciudad. "Son las mejores que hay España. Los cafés tradicionales que nombraba Hemingway en sus libros han ido desapareciendo poco a poco.

    Hay pocos lugares agradables donde se pueda pasar el rato charlando de cosas intrascendentes (las cosas serias las digo en casa). Madrid ya no es más la ciudad que era en 1940, cuando tenía 800 mil habitantes. Ahora cuenta con tres millones de ciudadanos que viven como piojos en costura".

    La mayor parte de los madrileños consultados por Siete Días coincidieron en señalar que, prácticamente, nunca han visto a Perón en compañía de su esposa.

    Manuel Bueno, secretario de redacción de Nuevo Diario, informó: "El 26 de julio (aniversario de la muerte de Eva Duarte) es uno de los pocos días del año en que el general aparece junto a Isabel Martínez. La pareja concurre a la misa que para esa fecha se oficia en la iglesia de San Jerónimo, en Madrid. Es una ceremonia impresionante por la cantidad de personas que asisten a ella. Los españoles no olvidarán jamás que Evita regaló trigo a este país durante la crisis desencadenada por la Segunda Guerra Mundial".

    Perón no abunda en comentarios sobre su actual esposa. En una de las pocas oportunidades que la nombró frente a Siete Días fue para referirse a una de las funciones que I.M. cumple en la casa. "Ella se encarga de leer y responder las cincuenta cartas promedio que recibo diariamente".

    Cuando no sale de paseo ni tiene que atender visitas, el general trabaja hasta la hora de la cena. Si no tiene nada urgente que resolver o, simplemente, desgano para resolverlo, se dedica a matear y escuchar discos. "Soy un discómano de primera línea -se enorgullece-. Me gusta todo tipo de música, hasta la ye-ye".

    -¿Le gustan Los Beatles?...

    -No, ¡Por favor! -se horroriza-. Me gustan las chicas, las chicas... ¡Cómo me van a gustar esos espantosos melenudos! Justamente, me acaban de contar un chiste bárbaro. Escuche. Se trata de uno de esos hippies españoles, con melena de profeta, barba de guerrillero y un tufillo insoportable, que viaja en el tren que va a la ciudad de León. A mitad de camino, el hippie le pregunta al guarda: “Dígame, señor, ¿me falta mucho para León?” El guarda lo mira de arriba abajo y le responde: “Pues, hijo mío, creo que sólo el rabo...”. ¿No es buenísimo? ¡Cómo me van a gustar esos pichones de trogloditas!"

    AL CALOR DE LA NOCHE

    Habitualmente, Perón acostumbra mirar algunos tele noticiosos antes de sentarse a la mesa para cenar. "Son los únicos programas de TV que puedo soportar -critica-. El resto es un “rollo”, como llaman los españoles a algo largo y estéril".

    Algunas noches, el general viola las fronteras de su régimen normal, consumando peligrosas incursiones por la cocina española o italiana. "Uno o dos lunes de cada mes me hago una corrida hasta la Gran Tasca de Manolo, en Ballesta número uno, de Madrid -confiesa-. Allí me castigo con uno de los pucheros, o cocidos, como los llaman aquí, más escandalosos que puedan comerse sobre la Tierra.

    Fíjese si no es para morirse: le traen a la mesa una fuente así de grande -J.P. abre los brazos como para saludar a un correligionario-, llena de carne de vaca, de gallina, de cerdo... Con esos chorizos que parecen cartuchos de gelinita y una morcillas de la misma especie. ¡Para qué le voy a contar! Hay que probarlo.

    Ustedes, en la Argentina, tienen el restaurante Tropezón, que yo frecuentaba luego de salir de los cabarets... cuando era muchacho, por supuesto. Pero le aseguro que lo que sirven allí parece un juego de niños al lado de esto. Manolo debe almacenar los condimentos en una santabárbara: “sus pucheros tienen más explosivos que los que se utilizan en un golpe de Estado. Claro que los que él prepara pueden digerirse sin dificultad...".

    Hay noches en las que Perón decide correr aventuras pantagruélicas en su propia casa. Para ello se pone de acuerdo con la cocinera y le detalla cuidadosamente su plato preferido: "Los fettuccinos al doppio burro, como lo sirven en la cantina de Alfredo, en Roma".

    Luego de una experiencia tan opípara es improbable que el general vaya a otro sitio que no sea la cama. Pero no siempre la jornada de J.P. culmina en una lánguida digestión. "A veces, luego de una cena livianita, me voy al cine -informa-. No es muy frecuente, pero de tanto en tanto me gusta estar sentado una hora frente a la pantalla y ver desfilar algo intrascendente. Detesto pensar dentro del cine: pienso tanto fuera de allí que no vale la pena repetir la hazaña. Por eso me apasionan las películas de vaqueros o pistoleros. Esas en las que mueren todos, como por ejemplo, El feo, el malo y el bueno. ¡Qué película! No queda una sola persona viva... Claro que como es ficción uno puede irse con la conciencia tranquila".

    Las noches que Perón tiene ganas de pensar ("la mayoría", advierte) se dedica a leer. "Me gusta leer en la cama; no hay otro sitio más tranquilo para hacerlo. Normalmente, me acuesto a las diez y me quedo leyendo hasta la una o dos de la madrugada. En realidad, yo no leo ningún libro, los estudio. Actualmente estoy por finalizar Hacia un mundo mejor, de Robert Kennedy, donde pude comprobar con asombro que todavía quedan algunos norteamericanos decentes".

    El 90 por ciento de los libros que descansan en la biblioteca de J.P. son ensayos sociopolíticos, preferentemente editados en Francia. "Como yo entiendo perfectamente el francés aprovecho para adquirir ediciones de ese país. A mi entender, son las mejores de cuantas puedan adquirirse en plaza".

    A la una de la madrugada, Perón apaga la lamparilla de su velador. En ese momento acomete una de las experiencias que más lo enorgullecen: dormir mediante el método yoga. "El primer paso -explica- consiste en concentrar la atención sobre los dedos de los pies. Inmediatamente, hay que comenzar a actuar con la mente sobre los músculos lisos, esos que no se pueden controlar voluntariamente. Cuando el primer objetivo está logrado hay que ir ascendiendo lentamente hasta llegar a la cabeza, que es el último paso para conciliar el sueño. Yo no necesitó ir tan arriba: a los tres minutos de estar en la cama, siento que no tengo más piernas, y apenas llego con mi acción mental a la cintura, ya estoy roncando. Normalmente duermo unas seis horas: los viejos no necesitamos más...".

    Además de anunciar que está llegando al faquirismo, el general asegura que poner la mente en blanco en cualquier momento y que es capaz de dormir, por lo menos cinco minutos, en el instante más desesperado. También sostiene que la imaginación de los hombres es el mecanismo que más conspira contra el sueño. Él no escapa de ese asedio.

    -¿Qué cosas imagina, general, que le impidan dormir?

    -Todas las que se extienden desde el macrocosmos hasta el microcosmos. Elija allí dentro la que prefiera.

    -Elijo las que están en el medio.

    -¡Ah, muy bien! En el medio está la Argentina.

    EL EXILIO Y EL REINO                                               

    Cuando Perón analiza la realidad argentina apela a ciertas imágenes propias de una ensoñación. "A nuestro país le ha pasado lo que a muchos barcos que navegan en la serenidad hasta que se topan con una ola gigante -compara-. En lugar de “montarla”, como dicen los marineros, “se van de ojo”.

    Es decir, sufren una inmersión violenta, hasta que chocan con un bajo fondo y retornan a la superficie. Si no existe bajo fondo, el barco está inexorablemente condenado.

    A la Argentina le pasó lo mismo: se fue de ojo. Pero creo que está a punto de tocar fondo en todos los niveles... Luego del choque volverá a flotar. El choque no tardará mucho en producirse.

    El general no aclara a qué tipo de colisión se refiere. Indudablemente, una de las partes que la protagonizaría sería el gobierno. Pero no precisa si la otra estaría integrada por algunos sectores de las Fuerzas Armadas, de los sindicatos, del estudiantado, del clero. O si consistiría en un frente opositor que agrupara a varios de aquellos. Tampoco establece con claridad qué rol jugaría el justicialismo dentro de ese esquema.

    Al requerirle su opinión sobre la aparente beatitud que exhibieron las autoridades argentinas frente a ciertas manifestaciones peronistas (el 8 de octubre pasado permitieron la realización de un congreso en dependencias del club Harrods, en el, en el barrio de Belgrano.

    Cuatro días después, la Policía Federal persiguió al grupo de radicales que realizaba un homenaje a Hipólito Yrigoyen), y a la sostenida versión de que el gobierno nacional estaría ultimando los preparativos para reunirse con él en Bonn, Alemania Occidental, J.P. se escapa por la tangente. “Algo debe estar pasando” -murmura-.

    Casi todos los gobiernos que han pasado por la Argentina han venido a verme cuando estaban perdidos. Si las actuales autoridades piensan hacer lo mismo, es cosa de ellos. Yo no he patrocinado ningún contacto. Además, no hay que olvidar lo que dice Martín Fierro: ‘Cuando uno está perdido, no lo salvan ni los santos...’".
    Al referirse a los grupos que podrían promover cambios estructurales en la Argentina, Perón se muestra un poco menos elusivo que frente a otras cuestiones.

    "Es improbable que las Fuerzas Armadas de nuestro país salgan a la calle para defender un objetivo nacional -sospecha-. Ellos siguen una táctica común al cipayismo de todo el continente: atomizar las fuerzas políticas para que, cuando no queden grupos cívicos que puedan sacar la cara por el país, surjan como la única fuerza organizada y en condiciones de asumir el gobierno.

    No es difícil comprender cuáles son los intereses que defienden las FF.AA. argentinas: está el Fondo Monetario Internacional en la Casa de Gobierno; en el primer piso del Ministerio de Ejército hay un cartel que reza “United States of America, ARMY”; están los “boinas verdes” en el norte; están todas las comisiones de asesoramiento... mientras los argentinos no les corten el pasmo al imperialismo, ninguno de los problemas nacionales hallará solución. Es lo mismo que le está sucediendo a Brasil, Panamá, Guatemala, Bolivia...".

    Los guerrilleros capturados hace pocos meses por la policía tucumana en la localidad de Taco Ralo, no sólo se autocalificaron peronistas sino que, además, aseguraron que uno de sus objetivos era "combatir a los secuaces del imperialismo en el país".

    Cuando al general le nombran la palabra guerrilla se convierte en un profesor de dribbling. "Yo no digo que esa técnica sea impracticable en nuestro territorio o que carezca de efectividad -se escuda-. Es una de las 50 mil formas de tomar el poder. En la Argentina su éxito depende de la habilidad con que se la lleva a cabo.

    Con respecto a los guerrilleros de Taco Ralo, sólo puede decir que no los conozco. No sé si son más o menos peronistas que otros compañeros que no han encarado la lucha armada. Hoy en día hay tantos peronistas que sería muy audaz ensayar una crítica sobre desconocidos...".

    LOS SINDICATOS Y LAS TRENZAS

    El general machaca constantemente que "hay muchos especuladores que juegan con la camiseta de Perón mientras les conviene". Uno de los terrenos más frecuentados por ese tipo de aventureros es, según estima J.P., el de los sindicatos.

    "Los dirigentes, en particular, son quienes más padecen esta epidemia: luchan toda la vida por una causa hasta que prueban el almíbar del poder, del auto en la puerta, de un buen sueldo, tal vez de una secretaria buena moza. Entonces comprenden que para gozar de mayor predicamento deben unirse a otros colegas, formar trenzas. Así se produce el divisionismo. Actualmente, en la Argentina, tenemos al gremio de los Independientes: una trenza; dentro de ellos, a Luz y Fuerza: otra trenza. Está la CGT de Azopardo: una trenza; la de Paseo Colón: otra...".

    Según asegura Perón, ninguna de estas fracciones interpreta su pensamiento. Para él, toda posibilidad en el campo sindical depende de la organización y la unidad.

    "Todo eso es peronismo -sentencia-. Por supuesto que a mí, dentro de la acción táctico-política me conviene tener un ala combatiente y otra complaciente, pero no tantas. De cualquier modo, eso no interesa. Nada de eso está improvisado. Es parte de una experiencia, una larga experiencia de 25 años".

    Tampoco parece preocuparle demasiado que el justicialismo ("un movimiento nacional que aglutina por igual a oligarcas y obreros", según su propia definición) padezca la misma dispersión que sufren muchos partidos políticos tradicionales.

    "Mientras el peronismo siga siendo la única fuerza realmente organizada del país, ese detalle carecerá de importancia".

    Según interpreta Perón, la izquierda argentina no está tan condenada como muchos sostienen. "El hecho de que ese grupo no esté tan bien estructurado como el nuestro no impide que justicialistas y marxistas podamos trabajar unidos -adelanta-. Estamos dispuestos a pelear junto a ellos, siempre y cuando no sean participes del imperialismo soviético. Este y el americano se están pudriendo sin remedio. ¿Usted se cree, acaso, que el comunismo ruso conserva actualmente la virilidad y la potencia de su etapa inicial? Ellos ya no luchan por la revolución, sino por mantener lo que tienen. En dos palabras, son conservadores. A pesar de las diferencias ideológicas que nos separan de los chinos, siento que ellos están mucho más cerca de nuestro pensamiento. Además, Pekín nos respeta como movimiento revolucionario...".

    La palabra revolución juguetea constantemente en las frases de Perón. En el mundo actual son revolucionarios los chinos, los norvietnamitas, los universitarios."Hace unos meses -recuerda-, me dijeron que los estudiantes franceses habían incendiado la Sorbona. ¡Qué bien!, -contesté-. ¡Pero cómo, general! -me censuraron-. ¡Sí, señor, ¡Qué bien!, -respondí-. Cuanto más poder tiene una universidad, más conservadora es, más defiende esquemas perimidos. Hay que quemar de una vez por todas todo eso y construir algo nuevo".

    -¿Los estudiantes argentinos pueden construir algo nuevo?

    -Objetivos no les deben faltar -juguetea Perón-. Pero no podemos considerar a la universidad como un compartimiento estanco de la comunidad. Si ésta no está politizada o muestra una apatía brutal hacia las cuestiones de esa índole, la universidad padecerá los mismos males. Además, no hay que olvidar que la última intervención le propinó un golpe demoledor: es como si la hubieran trasladado al siglo XVIII".

    En la búsqueda de responsables de los problemas que actualmente sufre el país, Perón desemboca en la persona del presidente Juan Carlos Onganía.

    Al juzgarlo, exhibe una precaución singular, como si midiera cada una de las palabras que va a pronunciar. "Es un hombre dominado por influencias tan nefastas que eclipsan las buenas intenciones que pudiera cobijar-puntualiza-. En síntesis, quienes lo rodean lo han hecho un héroe a la fuerza".

    CON LA FRENTE MARCHITA

    Resulta sorprendente que Juan Perón, luego de tantos años de exilio en España, conserve intacta su tonada de caudillo provinciano. Ese aire campero que lo asemeja un poco al casi folklórico Don Bildigerno.

    Él lo sabe y también tiene una respuesta a esa cuestión. "A mí me pasa lo que a los loros: cuando son viejos no aprenden a hablar... Además -añade-, mi contacto con los españoles es muy fugaz. No cultivo la amistad con ellos por una razón elemental: cuando los invito a casa llega un momento en el que la charla deriva hacia la situación política española.

    Yo tengo que opinar y eso puede ponerme en aprietos. Mi vida aquí es bastante retenida: a Franco, por ejemplo, jamás lo he visto personalmente. A él le conviene ignorarme por las relaciones que mantiene con el gobierno argentino. A mí también, por un problema de ideología. Recuerde lo que dice Martín Fierro: ‘El que anda en pagos ajenos debe ser manso y prudente...’".

    La mansedumbre y la prudencia no suelen ser buenos remedios contra la nostalgia. "No cabe duda -acepta el general-. Es la enfermedad crónica del exiliado. Pero yo tengo mi propio antídoto: el yoga. No hay éxito que me entusiasme mucho ni fracaso que me aplaste demasiado; yo someto todo a mi voluntad. Creo que en estos trece años he llegado a convertirme en faquir...".

    -¿Esa es la única diferencia que existe entre Perón de 1955 y Perón de 1968?

    -Sí, señor. No hay otra. Soy la misma persona y estoy conforme con mi destino.

    -¿Cuál es su destino?

    -El de una generación. Yo he tratado de cumplir metiéndome dentro de ella. Jamás tuve la pretensión de ser otra cosa que un instrumento del destino. Todo lo que hice fue algo que estaba fijado de antemano. En eso soy un poquito árabe...

    -¿Le queda algo por cumplir?

    -¡Cómo no!

    -Qué, por ejemplo.

    -Lo que sea. Sólo pretendo ser útil en lo que pueda. No me considero un hombre providencial. Soy uno más dentro del movimiento y cumplo con la misión que tengo. Podría definirme como un aficionado a la política y un profesional de la conducción. Yo soy un conductor que tiene la manía de copiar a la naturaleza. Siempre tomo como ejemplo a Dios. Si éste bajara todos los días a la Tierra a dirimir los problemas que se suscitan entre los hombres, ya le habríamos perdido el respeto. Hay que copiarlo en todo sentido. Dios siempre aceptó a la providencia, que es quien carga con la responsabilidad de las cosas que Él hace. Como ve, la conducción es un arte...

    -¿Y usted, un artista?

    -Naturalmente. La conducción, como cualquier disciplina artística, tiene una teoría y una técnica. El hombre es la parte viviente que las aplica. De acuerdo al óleo sagrado de Samuel que hayamos recibido puede detectarse el calibre del artista. Cualquiera puede dominar la teoría y la técnica de la pintura o de la escultura. También puede aplicarlas y consumar un cuadro o una escultura aceptables. Pero para lograr La Última Cena, habrá que llamarlo a Leonardo; para obtener una Piedad habrá que recurrir a Miguel Ángel...

    -O sea que para crear una Argentina justicialista no queda otro remedio que apelar a...
    (Perón no responde. Enciende un cigarrillo y sonríe, librando la respuesta a la imaginación de cada cual).

    -¿Pensó alguna vez que la muerte puede sorprenderlo en España y en la posibilidad de no regresar jamás a la Argentina?

    -Sí, pero no me preocupo demasiado. Moriré donde me lo fije el destino. No depende de mí: yo me someto a él.

    -¿Dónde querría terminar sus días?

    -En ningún lado, naturalmente. No pienso mucho en la muerte. Lo importante es no llegar a ella pasando desapercibido. En el mundo nacen hombres extraordinarios que mueren y en su epitafio no se puede escribir nada. Nacen otros, comunes, normales, cuyos epitafios desbordan leyendas. Estos últimos han sido hombres de una causa. Los anteriores se hunden en el anonimato porque no han servido a nada...

    -¿Tiene miedo que su epitafio esté en blanco?

    -No. No seré yo quien lo llene.

    (Alberto Agostinelli - Revista “SIETE DÍAS” - diciembre de 1968)

    El poder de las redes

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    From: marioenrique, 1 hour ago